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MARGARITA LONDOÑO

Senadora, candidata a la Alcaldía de Cali, periodista, docente, feminista, ambientalista, mamá.

 

La carrera Política de una mujer crítica: un espíritu crítico en la política electoral.

 

"Cuando uno lleva muchos años trajinando en la política alternativa, se cansa de no tener vocación de poder, de que los grupos en que uno ha estado no quieran salir de ese anonimato."

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"Toca arriesgarse"

 

Espontáneamente, en una reunión dije: si no tienen la verraquera otras personas pues vamos nosotras. No tenemos nada que perder, si mucho que ganar. Podemos hacer que esta ciudad se estremezca. Era mi profunda convicción que había que pasar a la acción, con la  frente en alto, gritando cosas que estremecieran. No era que pensara ¿será que soy capaz?

No, en otras oportunidades de pronto si lo pensé, pero en ese momento sólo sentí que había un vacío y que era necesario llenarlo, ni siquiera fue una discusión de género, simplemente inconformidad.


Fui cambiando, aunque uno con el tiempo no siempre mejora, a veces también empeora.

 

Poco a apoco logramos que la gente se fijara en nosotros y dijeran “estas chicas locas están hablando cosas chéveres” y la campaña, que fue de seis meses,  se volvió muy interesante, porque metimos otros temas, como la sexualidad, aunque también había que hablar del presupuesto, de las obras…

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Hablé mucho de la corrupción apoyada en la  denuncia de lo que estaba pasando en la ciudad con la crisis de la empresa de servicios públicos , que estaban entregadas por completo a la politiquería tradicional.

 

"Romper paradigmas"

 

Hicimos una campaña de slogans, que hacíamos con los que se nos fuera ocurriendo.

Esa primera campaña fue muy bella, estaba llena de rupturas.

El duro ejercicio de la crítica

 

A la academia
Al periodismo
Al Congreso
A la Iglesia
A la izquierda

 

“En la sociedad tienen que caber diferentes miradas, de personas religiosas, del sector productivo, de los que piensan distinto. No puedo aniquilarlos”.

 

Los curitas se pusieron furiosos cuando yo estaba defendiendo el aborto. En la comisión primera del Senado invitaron un monseñor y le daban la palabra como si fuera Senador. Eso me molestó y recordé que en las comisiones no pueden estar, a no ser que haya audiencia publica. Hay que marcar la línea. Yo no soy  religiosa, soy atea, pero puedo estar en el  mismo bando con personas religiosas, con respeto de lado y lado. No aguanto eso de “ser la verdad revelada y de que lo que pensamos es lo que es correcto”.

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“Una sociedad tiene tantos conflictos que no se resuelven con una sola mirada”.

 

“La derecha, la izquierda, el feminismo, el ambientalismo, todos esos “ismos” pueden llegar a excluir a otros. Cuando se llega al poder se tiene que a abrir espacios a otras miradas, porque sino se puede caer en el totalitarismo”

 

De la retórica a la acción

 

Rompo con la academia buscando pasar a la acción. No podía estar 11 años enseñando a hacer periodismo, sin hacerlo y cuando me sale la posibilidad de ejercerlo dije: dejemos la retórica de la cátedra y pasemos a hacer periodismo en la realidad…

 

Después encontré la política, o sea dejé la retórica frente al hecho político, que hacia desde el periodismo, para tener en las manos la ejecución de las políticas públicas.

 

Ese trayecto fue muy importante para entender que el mundo de lo público es definitivo en una sociedad.

 

Me sirvió el periodismo?
Si, claro, ¡mucho!.
Entre otras cosas porque el periodismo es como una  militancia critica.

 

Trayectoria

 

El oficio de periodista se basa en estar analizando y criticando a los sujetos políticos. Eso de estar estudiando la realidad, analizándola, ayuda mucho para hacerse política.


“La política incide en lo personal”

 

La vida personal se afecta de muchas maneras con la política… Yo andaba en la búsqueda de adrenalina, de pasiones que me  devolvieran el gusto por la vida  y esa política que hicimos me devolvió el gusto por la vida, me dio la pasión que necesitaba para trabajar.Trabajamos 18 horas diarias, sábados, domingos, festivos. Sin un peso.Fue el momento de mi vida en que he tenido un trabajo más intenso, con menos posibilidades y menos condiciones.

 

Ser mujer

La política estaba en manos del mundo masculino. No había ni una mujer alcalde en Colombia o por lo menos en ciudades grandes y creíamos que de llegar, como mujer, iba a ser una gran diferencia, desde una mirada más  protectora, mas amorosa, con más capacidad de cuidar a su pueblo.

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O sea si se juntaba la trayectoria de izquierda, una cabeza más inquieta, con ser mujer y tener influencia feminista, al llegar a un cargo ejecutivo íbamos a hacer una revolución en Cali. Habría que romper con mitos y paradigmas del mundo patriarcal político. Era la primera mujer que se  presentaba a un cargo como la alcaldía.

 

Había habido concejalas, pero a un cargo de elección unipersonal fui la primera mujer en Cali que  enfrentó esa posibilidad. Y fuimos descubriendo, después con el grupo, que eso era una ventaja, que podía ser un plus para llamar la atención. Entre todos esos hombres, decir: aquí hay una mujer.

 

El ejecutivo

 

No creíamos que fuéramos a ganar la Alcaldía, pero una candidatura al concejo no llamaba la atención, en cambio el discurso para la alcaldía era totalmente visible.

 

En el ejecutivo se ejecuta, en el legislativo se sigue en la retórica. Salir de la docencia para seguir las mismas, hablando, no me gustaba. Entré a la candidatura a la alcaldía a los 40 años y llevaba 20 años de hablar carreta. Que dicha poder llegar después de que he soñado con el socialismo, que he soñado con el feminismo, que he soñado con tantas cosas, a un puesto donde uno definitivamente pueda hacer algo concreto.Porque  en el legislativo usted sueña y hace proyectos pero no maneja nada.

 

La política es el espacio de la construcción del sueño colectivo. Sí, en el ejecutivo se lideran procesos, sea logra que la gente se meta en el sueño de cosas posibles. Imagínese, una sociedad en la que cambien muchas cosas.

 

Pienso en Pepe Mojica que llega a la política electoral, seguramente con más profundas huellas que las que yo tenía, muchos años después de otras luchas, y llega a construir un sueño colectivo. De pronto también un poco frustrado, dice: no todo es posible, pero lo que se puede hacer, se puede hacer.

 

La tranquilidad de no tener nada que perder, es básica para estar libre. Básica. Es lo que he aprendido con mis errores posteriores. Si uno entra a las campañas diciendo “tengo que ganar”, por ese afán de ganar, hace concesiones que no deben hacerse. Ahí empieza a corromperse.

 

No todo vale

 

El proceso de llegar “a toda costa” es peligroso. En eso Mockus ha sido claro, NO TODO VALE.  Uno no debe, pero puede caer en esa trampa cuando empieza a convertirse en posibilidad real ganar las elecciones. Mientras no se tiene esa posibilidad, se puede hacer lo que se quiera, entre otras cosas, hacer campaña sin plata.

¿De dónde salía la plata?

 

Hay cosas complejas que usted tiene que resolver, como vivir durante la campaña, porque la política no se puede hacer a medias tintas.  Usted no puede decir salgo a las seis del trabajo y hago  política. Si se mete tiene que ser de tiempo completo.

 

No soy rica como para no tener que trabajar. Vivo de mi trabajo, no tengo renta.

 

Cuando  me dicen que soy rica no me opongo, porque no se puede decir esto cuando uno tiene resuelta la vivienda, el trasporte y la comida, pero de ahí a que yo pudiera vivir de la renta, no!.

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Parte del dinero que recogimos era para mí, como sueldo y a las únicas persona a las que les pagábamos era a la gerente y la jefe de comunicaciones, lo demás fue voluntariado porque era un proyecto de un colectivo.

 

Convocar y buscar apoyos

 

Nos denominamos Huella Ciudadana y decidimos que íbamos a hacer el esfuerzo para esa campaña entre amigos y amigas.

 

Locura y creatividad

 

Mucha gente ayudó.  El último mes fue muy bueno, cada vez se conseguían más apoyos. La sede era un sótano, después la mama de una de las amigas prestó un garaje para que saliéramos de “las catacumbas” que era como le decíamos a la primera sede. Al final tuvimos otra sede y fuimos más visibles. La gente se fue entusiasmando y fue prestando cosas. Se nos ocurrían ideas locas como tirar margaritas desde un avión, entonces alguien consiguió una avioneta y alguien se levantó las flores…

 

Cuando usted entusiasma a la gente todo es posible. Lo que no se consigue con aparatos clientelistas, se consigue con un poquito de locura, innovación y creatividad y eso sólo lo puede hacer un grupo de mujeres locas, que no teníamos amarres.

 

Fuimos cambiando

 

Lo que hice la primera vez fue la locura,  yo era la Jovita de la política.

 

En la segunda vez, cometí mil errores, por alejarme de esa locura.

Si usted mira, por ejemplo a Galán, su primera campaña fue absolutamente novedosa, pero en la segunda hasta los afiches cambiaron; lo mismo me paso a mí, voy cambiando y termino vista como una política tradicional.

 

“Si uno va solo pensando en ganar, en los resultados, puede caer en esa trampa”.

 

La misma gente que me acompañaba, esa segunda vez que estaba cercana al triunfo, me decía esta vez sí ganamos, doctora, pero tiene que dejarse ayudar.   


Uno se va tragando ese cuento y cae en ese mundo peligroso de las alianzas, de los apoyos.

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Si la primera vez gané, aunque había perdido. La segunda vez perdí aunque estuve más cerca. Perdí la locura, perdí la frescura, perdí la libertad y empecé a calcular como ganar, con quien ganar y con quien iba a gobernar.

 

“No se pueden improvisar personas. Nadie se convierte en fenómeno de opinión, de buenas a primeras”.

 

Se tiene que tener trayectoria para que la gente crea en uno. Representar algo, haber hecho algo valioso. Alguien como la madre Alba Stella, por ejemplo, que, aunque no la conoce todo el mundo, tiene trayectoria y muy pronto se sabría lo que ha hecho y eso se convertiría en factor de credibilidad.

 

Es lo que tenían periodistas como John Maro Rodríguez y Campo Elías Terán, credibilidad. Se tiene que construir de alguna manera credibilidad, de lo contrario, no hay nada que hacer.

 

Otras personas construyen credibilidad por su trayectoria, o su desempeño en un cargo, pero no se pueden improvisar y yo creo que, en eso, las mujeres improvisamos mucho.

 

La gente me creía porque decía: si fue capaz de cantarle la tabla a una vaca sagrada, debe tener verraquera. Además yo había ocupado cargos públicos y los había desempeñado con trasparencia y resultados.